Este libro es un auténtico curso intensivo de los principales conceptos, ideas y corrientes filosóficas a través de chistes. Desde la antigua Grecia hasta las corrientes de pensamiento más modernas, no hay nada que Cathcart y Klein (los autores del libro, licenciados en Filosofía por la Universidad de Harvard) no puedan explicar al lector sirviéndose de un chiste.
Podríamos decir que es un repaso de la filosofía, desde Platón hasta el existencialismo alemán sin parar de reír.

Después de leer el libro, cuando leas algo de filosofía pensarás en un chiste y cuando te cuenten un chiste te acordarás de la filosofía.
A modo de ejemplo os transcribo el apartado que habla del estoicismo, que termina, cómo no, con un chiste:
“El planteamiento ético que ocupó a los estoicos durante el siglo IV d. C. fue cómo reaccionar a la sensación reinante del fatalismo que conllevaba vivir en un imperio férreamente controlado. No podían cambiar gran cosa de sus vidas, de modo que decidieron, por el contrario, cambiar su actitud hacia la vida en sí. […] Lo que surgió de esa nueva actitud fue una estrategia de desapego emocional respecto a la vida. La llamaron apatía y, para los estoicos, constituía una virtud […] y estaban dispuestos a sacrificar algunas formas de felicidad (sexo, drogas, y hip-hop dionisíaco) con el fin de evitar la infelicidad que les procuraban sus pasiones (enfermedades de transmisión exual, resacas y rimas espantosas). Actuaban movidos únicamente por la razón, jamás por la pasión, y por lo tanto se consideraban los únicos seres humanos verdaderamente felices, es decir los que no eran infelices.
En la siguiente historia, el señor Cooper demuestra una forma moderna de estoicismo: el estoicismo por delegación:
La enfermera hace pasar a los Cooper a la consulta del dentista, donde el señor Cooper expresa muchísima urgencia.
- No se ande con chiquitas, doctor – le ruega-. Ni gas, ni pinchacitos ni anestesia. Arranque la muela y acabemos con esto.
- Me gustaría que todos mis pacientes fueran igual de estoicos que usted – le responde el dentista, admirado-. Bien, déjeme ver esa muela.
El señor Cooper se vuelve hacia su mujer y le dice:
- Cariño, abre la boca.“
Los alumnos de bachillerato agradecerían que se lo mandaran leer.
M.P