
Portada de la última novela de Antonio Abad. Reproduce un óleo de Armando Sendín de 1999.
El profesor, y quien fuera su alumno. El uno, editor, crítico de arte, poeta y escritor; el otro, dedicado a su vez a la enseñanza, la literatura, las bibliotecas.
El escritor y el pintor, trabajos en colaboración e interferencias mutuas; alumnos, amigos, conocidos, curiosos, acompañantes.
El crítico de arte, sujeto paciente de su propia historia, y la urdimbre de personajes que lo rodean, dibujando el miserable perfil de algunos artistas, y su entorno inmediato.
Ficciones y realidades, verdades y mentiras, abandono, hilaridad y derrota sobrevuelan la sala.
La voz del escritor, suave, lenta, afectuosa. Cálido y directo comentario de su propia obra, sincero, transparente, humilde.
La admiración que se profesan. En torno a la creación, la literatura y la pintura, sin presunción, pedantería ni elogio fácil. La generosidad, la amistad y la entrega se hacen tangibles.
Lo escaso y extraño de esta situación, en el contexto artístico, me aborda por sorpresa y me encuentro inerme.
Declarados los lazos que los unen, a muchos de ellos, atravieso una suerte de ensoñación. Acunada por una nana ajena, que siento cercana y reconfortante.
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La novela de Antonio Abad, Cuando la noche cambia el color de las cosas (Port-Royal Ediciones, Granada, 2009), se presentó el pasado jueves, 4 de junio, en el Museo Cortijo Miraflores de Marbella.Ver nota de prensa.
La imagen de la cubierta corresponde al óleo sobre tela Café au Boul’ Mich (81 x 65 cm., año 1999), de Armando Sendín.
La obra está disponible en la biblioteca del CEP.
Teresa Rodríguez Súnico