Ayer, martes 27 de enero, comenzó el curso sobre competencias comunicativas (como muy bien explicó la ponente llamarles lingüísticas es un error epistemológico) con una escasa asistencia, a pesar de que su calidad es muy alta.
Por mi parte, debo decir que disfruté mucho oyendo la lógica cabal de una argumentación inapelable en favor de virar la atención del proceso de enseñanza y apren
dizaje en Lenguas de la estructura al uso. Como docente que ha dedicado muchos años a las segundas lenguas, sé que, además, el tema de las competencias en la investigación lingüística no es nuevo. Hace muchos años que la investigación lingüística y pedagógica dicen la meta de la adquisición de una lengua es que el alumno desarrolle sus competencias y que éstas son múltiples. Hace unos 30 años que se desarrolló el término de “competencia comunicativa” por Dell Hymes(1) y Canale y Swaim(2). Igualmente, todas las corrientes de la lingüística posteriores al estructuralismo y la gramática generativa han centrado sus preocupaciones en la “parole” de Saussure, en el habla, en la comunicación humana, la razón por la que existe la lengua: semántica, sociolingüística y psicolingüística, prágmática, lingüística del texto o del discurso, etc.
La verdad es que cuando estudiaba en la universidad, ya me escamaba bastante cómo era posible que estuviéramos años trabajando la lengua y no entráramos nunca en el campo del significado. Recordemos que la semántica no tuvo un desarrollo importante hasta avanzados los años 70. ¿Qué es una lengua sin significado? Pero pretender que los alumnos y alumnas del mundo de hoy continúen recibiendo como “lengua” un montón de definiciones metalingüísticas, abstractas y de una capacidad de aplicación práctica entre nula e incomprensible, me parece aún peor.
Las obsesiones formales de Saussure o Chomsky, hijos aún de la larga tradición y afición lingüística por las lenguas muertas, todavía se mantienen en las prácticas docentes de demasiadas aulas, promoviendo con ello una enseñanza no significativa que debe ser tan pesada y aburrida como para promover, por sí sola, conductas disruptivas en gente sana.
No es necesario aprender cosas sobre la lengua para saber usarla. El conocimiento teórico de sintagmas, adyacentes y perífrasis verbales, por poner un ejemplo, no ayudan en nada a quienes no vayan a estudiar carreras universitarias del ámbito lingüítico. En la enseñanza pública no universitaria urgen enfoques docentes en Lengua Castellana que ayuden a los estudiantes a usar bien su lengua, no a repetir memorísticamente “extraña” terminología sobre la lengua una vez al mes.
Pilar Núñez Delgado, profesora de la Universidad de Granada que ha sido muchos años docente de instituto, definió ayer la competencia de forma muy completa y acertada: “La competencia se entenderá como una construcción social del conocimiento compuesta de aprendizajes significativos en donde se combinan atributos tales como conceptos, capacidades, habilidades, actitudes y valores con las tareas que se tienen que desempeñar en determinadas situaciones” … siempre sociales, añadiría yo.
¿Quieres terminar con el fracaso escolar en lengua? Trabaja por competencias, introduce el aprendizaje cooperativo, trabaja por tareas y proyectos significativos. No perdemos nada con probar
Y en Literatura, por favor, que lo primero que sepan nuestros alumnos es a qué sabe, el deleite intelectual de su belleza, para nada sirve hoy memorizar todas las Novelas Ejemplares de Cervantes ni la obra del Conde Lucanor, está tito google.
Fernando García Gutiérrez
(1) Hymes, D.H. (1971). On communicative competence. Philadelphia: University of Pennsylvania Press. Extracts available in Brumfit, C.J. & Johnson, K. (Eds.) (1979), The communicative approach to language teaching, pp. 5-26. Oxford: Oxford University Press.
(2) Canale, M. and Swain, M. (1980). Theoretical bases of communicative approaches to second language teaching and testing. Applied Linguistics 1, 1-47.


